divendres, 9 de desembre de 2011

Més contradiccions

Per experiència, conec bé la sensació que K. descriu al seu missatge anterior i des de fa temps, amb la finalitat de rellegir-los per sentir que no em trobo sol al cosmos i animar-me en els moments de defalliment, he anat recopilant alguns textos que la descriuen major o menor mesura. Us n’ofereixo a continuació un parell, en certa mesura també contradictoris, com la mateixa vivència experimentada pel nostre amic (i per tants de nosaltres, ai!). El primer forma part de la narració “Ananke” de Stanisllaw Lem, recollida a Más relatos del piloto Pirx (Madrid: Alianza, 2005, p. 248-250), i diu el següent:

“Entre los treinta y los cuarenta, más cerca de los segundos: la línea de sombra --la edad en que avenirse a las condiciones del contrato no firmado, impuesto sin que lo hayamos pedido, el reconocimiento de que lo que obliga a los demás se aplica también a uno mismo, que la regla no tiene excepciones; aunque sea contrario a la naturaleza, uno tiene que envejecer--. Hasta ahora sólo el cuerpo obedecía ese mandato a escondidas –pero eso no era ya suficiente; ahora había que dar ya la conformidad--. La juventud convertía su propia inmutabilidad en la regla básica: he sido un niño, un inmaduro, pero ahora soy realmente yo mismo, y así me voy a quedar. Era la gran broma que se hallaba en la base misma de la existencia; cuando uno descubre su falta de fundamento, siente más asombro que temor, una sensación de indignación ante el descubrimiento de que el juego para el que has sido reclutado era una trampa, de que la partida debía haber sido totalmente distinta; y tras la sorpresa, la indignación y la resistencia iniciales comienzan las lentas negociaciones con uno mismo, con el propio cuerpo: no importa lo lento e imperceptible que sea el envejecimiento físico, nuestra razón nunca llega a reconciliarse con él; nos preparamos para afrontar los treinta y cinco, luego los cuarenta, como si estos fueran a durar, y después, en la siguiente revisión, el derrumbamiento de todas las ilusiones produce tal resistencia que el ímpetu nos conduce a traspasar las fronteras. El hombre de cuarenta años comienza entonces a comportarse como un viejo. Una vez reconocido lo inevitable, continuamos el juego con sombría tenacidad, con el perverso deseo de doblar la apuesta: muy bien, si hay que jugar, aunque nunca di mi conformidad ni nunca me la pidieron, aunque no lo sabía, aquí tienes, lo que debo y más –aunque suene ridículo, tratamos de hacer un farol al contrincante--. Me pondré tan viejo de golpe que te arrepentirás: En el límite de la línea de sombra, o una vez traspasada, en la fase en que debemos rendirnos y entregar las posiciones, continuamos luchando todavía, seguimos resistiéndonos a la evidencia y, con todos esos forcejeos, envejecemos psíquicamente a saltos: o nos pasamos o no llegamos, hasta que un día, demasiado tarde, como siempre, nos damos cuenta de que toda aquella pelea, tos esos ataques, retiradas y fintas, eran también una broma. Somos como niños, negándonos a dar nuestra conformidad a algo que no la necesita, donde nunca hubo lugar para la protesta o la lucha; una lucha, además, basada en el autoengaño.

”La línea de sombra no es todavía el ‘memento mori’, pero es en muchos aspectos peor aún, pues desde ella podemos ya ver cómo disminuyen nuestras perspectivas. El presente no es ya una promesa ni una sala de espera, no es un prólogo ni un trampolín desde donde lograr grandes esperanzas, porque, sin que nos diéramos cuenta, la situación se ha invertido. Lo que se suponía un entrenamiento era una realidad irreversible; el prólogo había resultado ser la historia misma, las esperanzas, utopías; lo opcional, lo provisional, lo momentáneo, el único contenido de la vida. Todo lo que no se había cumplido ya, jamás se lograría. Y había que conformarse con ello en silencio, sin temor y, si era posible, sin desesperación.”

El segon text, molt més breu pertany a un article del poeta Carlos Marzal, “Los propósitos y la energía” aparegut a les pàgines de la “Comunidad Valenciana” de diari ABC (dissabte, 15/V/2010, p. 44), ens ofereix la reflexió següent:

“ Lo peor que le puede ocurrir a un propósito es que se quede en lo que es, que se limite a ser él mismo, que no se desmienta y se transforme en un hecho. Los planes, las esperanzas, las ambiciones, en su esencia, no son nada: son el humo de nuestra voluntad, las nubes que vemos a lo lejos, tan inalcanzables como reales. Por eso, para la buena salud de los propósitos, pesa más en el mundo un gramo de decisión, una brizna de energía, que cien toneladas de anhelos y deseos.

[…]

”Siempre hay una razón convincente para fracasar, siempre hay una excusa para abandonarse, siempre hay una causa para echarse a perder. Lo único que no requiere de ningún motivo --en contra de lo que suele creerse-- es el éxito, la laboriosidad, la paciencia diligente. El empeño, la testarudez constituyen una variedad pragmática --la más útil—de los propósitos.

”Necesitamos ser hombres de acción, de la nuestra, que bien puede ser puramente mental. Necesitamos intervenir en la vida, en la nuestra. Necesitamos aprender a disipar nuestra energía.”


Òbviament, aquets textos no solucionen res, però almenys ens fan companyia i ens ajuden a continuar endavant contre vent i marea. En poques paraules, són una representació de la Humanitat.

1 comentari:

K. ha dit...

Quines sàvies paraules, i quant hi hauríem d'aprendre.
Gràcies per fer cas del meu escrit precedent.